martes, 30 de diciembre de 2008

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Veinticinco años no es nada

Artículo publicado en el diario La Capital (Rosario).

Viví la recuperación de la democracia con la misma euforia que la gran mayoría de los argentinos. El 30 de octubre de ese 1983 salí a festejar por las calles el triunfo de Raúl Alfonsín. El 11 de diciembre comencé mi trabajo en la Casa de Gobierno como parte del equipo de asesores del recién designado Embajador Itinerante Hipólito Solari Yrigoyen. Viví el encantamiento colectivo: ilusiones de cambio, expectativas de mejora social permanente. Me volqué a interpretar la democracia como meta sin entender que no es la solución mágica sino el marco formal que nos permite convivir en paz, corregir los errores del pasado y abrir la posibilidad de encontrar, entre todos, los mejores caminos para un armonioso desarrollo económico y social.
Aquel 30 de octubre creímos que había triunfado la democracia pero, en realidad, triunfó la “idea” de la democracia. A la democracia real tendríamos que construirla a partir de allí. Veinticinco años después debemos reconocer que esta no es tarea de un día. Que generar una dinámica de acción colectiva eficiente y materializar los valores de la forma superior de legalidad que constituye el estado de derecho lleva mucho tiempo. Que debemos aprender a trabajar sobre el país que tenemos y el país que queremos hacer, con la certeza y la generosidad de saber que no lo haremos para nuestro disfrute sino para aquellos que nos sucederán.
Aquel 30 de octubre de 1983, la Argentina inició una etapa fundamental y distinta en su historia. Por primera vez desde 1928, gobiernos elegidos democráticamente son reemplazados por otros elegidos de la misma forma. Se ha dado así un gran paso en la consolidación de la democracia. Sin embargo, la elección popular de los representantes no implica que esta democracia esté completa en la Argentina porque hay valores básicos como la idea de la soberanía de los ciudadanos, la igualdad de todos los habitantes y el respeto por la ley, que aún tienen poco arraigo.
Platón en su Carta VII decía: “Terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada, además, de suerte para implantarla”.
Este pensamiento, con seguridad válido para su época, también puede tener, para muchos, vigencia en la actualidad. Refiere a la tensión permanente entre la norma y la operatividad de la norma y pone en evidencia, atento a que es algo dicho hace 2400 años, que el camino para mejorar la vida en común en una sociedad es muy largo. Los 25 años de democracia ininterrumpida que estamos festejando es un corto trecho de ese camino, hay que seguir andando. Apuesto a la extensión de la participación ciudadana, en dirección a un ideal donde todo individuo se sienta y actúe como miembro del cuerpo político y trabajo para consolidar la conciencia de la responsabilidad ciudadana que refleja este proceso. Apuesto a que soñemos un país mejor para todos y luego aprendamos a vivir juntos ese sueño, intensamente.

Imagen: argentina.gov.ar

jueves, 4 de diciembre de 2008

La tarea de construir ciudadanía

Entrevista publicada en Le Monde diplomatique / el Dipló, de diciembre de 2008.


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